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viernes, 13 de septiembre de 2013

Goose Island Sofie 2013


Van a decir que ya chole con Tijuana, pero es que hay demasiado que apuntar al respecto (aun tengo una ristra de cervezas que publicar y un evento al que asistimos, pero eso me lo guardo para la recopilación de Mi Beerano Cervecero que propuso Lupuloadicto). Cuando estábamos disfrutando una estupenda tarde con los amigos de Cerveceria Insurgente nos quedamos un rato en el The Beer Box TJ a probar otras cervezas más que ofrecían en el lugar. Mis ojos brillaron cuando vi en su refrigerador unas botellas de Sofie 2013, una de las cervezas de la línea Vintage de Goose Island Beer Company.


Tome un respiro, me bebí unos cuantos vasos de agua y después de las potentes cervezas de Insurgente como La Lupulosa y mi favorita Nocturna me seguí con esto. Así fue como salió parada después de un día de estar tomando cervezas tijuanenses.



Nombre: Sofie 2013
Cervecería: Goose Island Beer Co.
Estilo: Saison / Farmhouse Ale
Alcohol por Volumen: 6.5%
Maltas: 2-Row, Pilsner y Trigo
IBU: 20
Lúpulo: Amarillo
EXTRA: 20% de la cerveza es una ale añejada en barricas de vino con cáscara de naranja. El otro 80% es una Belgian Ale.
Cantidad: 12oz
Procedencia: Chicago, Illinois, Estados Unidos.


Vista: Amarillo paja, sin carbonatación aparente ni corona. Bastante turbia.

Olfato: Pimienta, clavo muy sutil, toques a sidra, acidez, vino blanco y ligero a vinagre. Ya veía venir el saborcito especial que tanto me gusta. Soy de esas personas que salivan en exceso al oler una cerveza con notas ácidas.

Gusto: Vinagre sutil, especies cual clavo y pimienta como una cerveza belga. Vino blanco era muy notorio (no me pregunten cual, ahí si no me meto) así como el recuerdo a paja. Toques a maltas claras que asemejan a pan. Carbonatación media y un cuerpo sutil que la hacían muy refrescante y bebible.1



Veredicto: ¡DE POCA MADRE! Hacía mucho que no tomaba una cerveza tan sabrosa, bajo este estilo de saison con bacterias y levadura salvaje. Sin duda es de esas cervezas que me gustaría encontrar seguido aunque se que estas especialidades de Goose Island no llegan todavía a mi frontera cercana (apenas y recibimos la IPA, Honker’s Ale y 312).

¿Material para cava? Aunque usualmente no se acostumbra recomendar cava en cervezas con tan bajo alcohol si me atrevería a sugerir por sus levaduras salvajes y bacterias.

Maridaje recomendado: Aquí me iría por algún marisco o comida marina fancy, ostras y langostas. Esta cerveza si me gustaría para una cena elegante, ostentosa, mamerta. Pero tendría que ir acompañado de platillos no muy potentes en sabor, a pesar de su complejidad en boca la potencia y retención no es demasiado alta.



Según el calendario de lanzamientos ya se podría decir que es una cerveza de línea (una de las ventajas de que fuera comprada por el gigante, las de línea regular las mandaron a otras plantas y ampliaron el programa de especialidades y barrel aged). Se ha vuelto un must de compra como lo es, por ejemplo en mi caso, Orval, siempre que puedo y paso a surtir cervezas para mi me hago con una botella, si lograra encontrar esta Sofie también seguro serían mis dos de siempre.


Ahora que lo pienso tienen toques muy similares pero me atrevería a decir (a costa de que muchos me van a abuchear) que me gustó más Sofie que Orval… aunque siendo sinceros no sería una comparación válida.


Nos estamos leyendo 
Eslem Torres

miércoles, 9 de mayo de 2012

La religión y el arte de comer

Líos con la gastronomía han tenido las diversas religiones que se arrogan la facultad de fijar los límites entre la santidad y la perversidad, aunque quepa decir también que el catolicismo se conduce en ese campo con manga tan ancha que hoy se gastan un dineral en comer lo que la Iglesia prescribe para los días de ayuno. El puritanismo calvinista, en cambio, llevó las cosas hasta los extremos de la más refinada sevicia, y su prédica resultó tan eficaz que un caballo y un puritano (independientemente de sus profundas diferencias racionales) llegaron a tener en común su despreciable incapacidad para la gula.

Estrictas y profundas son las implicaciones entre religión y gastronomía, pues si bien nadie ha tenido la ocurrencia de levantar un tempo sobre una mesa, se da el caso de mesas tan suculentas que más que templos parecen basílicas o catedrales. Pero como no entra en mis cálculos hacer proselitismo religioso, me concretaré a señalar que mientras los pueblos católicos comen bien los protestantes lo hacen deplorablemente, y peor cuando más activa sea su tradición puritana. Que en muchos lugares de Estados Unidos e Inglaterra no se sirva copas en día domingo es rescoldo de la tradición religiosa que considera malo beber vino, sin que les quite el sueño confirmar que Jesús no bebió agua sino vino en la Última Cena¹. Inmersos en los principios religiosos que los virtuosos peregrinos trajeron a bordo del Mayflower, los Estados Unidos comen y beben mal a pesar de ser dueños de todo el dinero del mundo, en tanto que los católicos comen y beben bien, aunque para este fin tengan que alquilar su territorio para que los americanos defiendan la democracia contra el comunismo ateo y materialista.

Los pueblos al sur del río Grande comen bien (cuando pueden hacerlo) gracias a que la religión no levantó ante sus sentidos una serie de tabús y así también los españoles, franceses e italianos comparados con ingleses, suecos y noruegos. Es verdad que Alemania y los países escandinavos ingieren alcohol en grandes cantidades, mas cabe señalar que en tales países la religión dominante no es el puritanismo sino el luteranismo, secta que por instrucciones de don Martín Lutero dejó la puerta abierta a ciertos goces: “Wer nicht liebt Wein, Weib und Gesang, der iste in Narr sein Lebens lang”, escribió, o sea que quien no ama el vino, las mujeres y el canto será un imbécil para toda su vida. De esa base tan civilizada partió el protestantismo, mas por desgracia nuevos reformadores surgieron una vez rota la unidad cristiana, y al humanísimo Lutero siguieron monstruos como Calvino y Zwinglio , enemigos ensañados en todo placer posible. Con ellos nació el puritanismo, una religión que no deja comer ni beber con dignidad humana, como tampoco permite hacer el amor como Dios manda. Me parece lógico que los huesos de Calvino y Zwinglio crepiten hoy en el fuego eterno, y no tanto por ahorcar y quemar a tanto mártir del placer cuanto porque, sin proponérselo, fueron los precursores de ciertos brebajes, gaseosos y embotellados, que vician las papilas y menoscaban las metas alcanzadas por el hombre desde que abandonó sus hábitos de chimpancé apenas futurible. Un tipo de ese estilo fue Cotton Mather, teólogo y pastor bostoniano que se tomo la molestia de aprender el castellano para escribir, en 1699, una Institución destinada a que los españoles de América se convirtieran “de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satán a Dios”. De Mather se dice que reclamó la horca para un cristiano que tuvo la osadía de besar a su propia mujer en día domingo, especie que, de confirmarse, nos llevaría a concluir que el feroz pastor se hallaba bajo los efectos de alguna bebida de cola bien fría.

Es un hecho que la religión incide en la mesa y el vino, como lo es también que afecta la actitud del hombre frente al arte en general. Que el Renacimiento se produjera en Italia y no en Noruega dista de ser una casualidad, y así también que Goya naciera en España y no en Suiza, pues no sería concebible que la Maja Desnuda se hubiese pintado en Zúrich, a pocos pasos de la parroquia en que predicó Calvino. Católico fue en cambio quien por primera vez en la era cristiana dejó a un lado los escrúpulos para esculpir o pintar desnudo el cuerpo de la mujer, arte tan impúdico para puritanos como el de comer y beber. Un suizo de Berna, digamos, come sin que en esa función intervenga para nada el paladar, y en cuanto a los ingleses, relata Julio Camba que cierto día comía en Londres como lo que era (como un español) cuando su casera le reprendió: “¡Pero míster Camba, come usted en una forma verdaderamente impúdica!” Lo impúdico consistía en que Camba comía por gula (hasta donde la gula y una comida inglesa puedan llevarse), y ponía los ojos en blanco cada vez que daba un sorbo del vino francés que había comprado en la tienda de la esquina. Ningún puritano entendería el profundo aforismo de Brillat-Savarin: “Invitar a alguien a comer equivale a encargarnos de su felicidad durante el tiempo que permanezca bajo nuestro techo.” Los puritanos, cuando nos quieren hacer felices, nos llevan al templo para que el pastor nos endilgue un sermón.

El asco religioso hacia el arte de comer y beber ha conducido a varias aberraciones, una de ellas la llamada nutriología. Que en los Estados Unidos expliquen cuántas y qué clase de vitaminas contiene lo que ingiere delínea esa actitud recelosa, con pretensiones científicas, que pretende hacernos comer lo que sirve al organismo y no lo que nos eleva a Dios por el placer de los sentidos. De acuerdo con tal criterio pervertidor es natural que lo más semejante a un comedero norteamericano no sea un cocinero sino un médico. Días Plaja, siempre agudo, escribió que los seres más admirados por un buen yanqui son su perro, su médico y Jorge Washington, de donde el libro más interesante para ellos habrá de ser el que verse sobre el perro del médico de Jorge Washington.

La nutriología es repugnante por supuesto, como todas las ciencias que acechan la ocasión para entrar a saco en lo poco espiritual y humano que nos queda, más peor todavía que esa ciencia es la siniestra costumbre del quick lunch y del fast drink, espada de fuego que los puritanos blanden actualmente sobre los pueblos católicos, venganza sin justificación por cierto ya que, a partir del día en que la Armada Invencible de don Felipe II se hizo cisco contra los arrecifes ingleses, las ganan de todas todas y no hemos vuelto a levantar cabeza. Tal vez no sea pues venganza sino envidia, pues del mismo modo que el capitán despechado gritó “¡Sálvese el que pueda!” para que sus rivales fueran pasto de tiburones, así también los puritanos inventaron el quick lunch y el fast drink al caer en cuenta de que no contaban con paladares católicos para gozar manjares y vinos. La envidia es sin duda un pecado despreciable, arma de muchos filos en mano de los poderosos.

Con el quick lunch y el fast drink los puritanos mataron por lo menos dos pájaros de un tiro, pues respetaron su tradición religiosa y dieron la lata a los “papistas”. Parece natural que si durante siglos se les dijo que gozar con manjares y vino era pecado, ahora coman y beban vertiginosamente para que no se entere Dios Nuestro Señor. En cambio esos españoles que pasan horas frente a una o varias copas de chichón no dejan lugar al descuido divino, y estarán condenados sin remedio. Más ya es tiempo de decir que el quick lunch y el fast drink sirven a los fines de una hipocresía positivamente nauseabunda, el fast drink sobre todo, pues si en algún caso puede justificarse la prisa en el comer no tiene sentido en cambio beber un vaso de vino, un licor, un Martell Cordon d’Argent o un Carlos I como si nos fuera a dejar el tren.

Los amagos puritanos sobre la gastronomía no se reducen por supuesto a los mencionados sino, con la misma perversión, al empleo del agua no ya para lavarse las manos sino para ingerirla a la hora de comer. Quien haya concurrido a un restaurante norteamericano (o bajo la influencia yanqui, que los hay en todo el mundo), sabe que lo primero que el camarero lleva a la mesa es un vaso de agua, y con hielo para mayor escarnio. Muchas veces me he preguntado si la costumbre es sólo bárbara, o si esconde una bien calculada maquinación para adormecer las papilas de la víctima a fin de que pueda ingerir sin protesta cualquier bazofia. De ser lo último, los yanquis habrán llevado a los restaurantes la técnica que practican sus hospitales, consistente en provocar enfriamientos agudos y repentinos para insensibilizar la porción de epidermis que va a ser objeto de alguna laceración. Una vez que usted se ha colocado entre pecho y espalda un vaso de agua con hielo en tales comederos, su paladar quedará debidamente tratado para que no distinga entre una hamburguesa con cátchup y unas finas enchiladas o una ternera de Ávila en su propio jugo adornada con endivias. Mas sea infernal maquinación terapéutica, sea pura supervivencia de principios religiosos, el vaso de agua con helo es el gran obstáculo para que yo pueda pasar una temporada en los Estados Unidos, país admirable por tantos conceptos, entre otros porque sus urinarios huelen a ice cream soda de vainilla, y los ice cream de soda de vainilla a urinarios positivamente deliciosos.

Es incuestionable que hasta el reino animal han llegado los conflictos religiosos de los humanos, pues yo puedo certificar que los gatos practican el catolicismo, y que los perros son protestantes todos. Si usted desea comprobar la exactitud de mi descubrimiento observe funciones de sus respectivas vidas. Durante años sospeché esa diferencia al advertir la inclinación de los gatos por la vida muelle y la de los perros por la vida activa, mas confirmé mi sospecha cuando mi mujer compró un sustituto cárnico (el llamado protoleg), que el perro engulló ávidamente en tanto que el gato se redujo a husmearlo, cubriéndolo después con tierra, como suele hacerlo con sus propios desperdicios. Ya en punto de absoluta convicción hice un última prueba: llevé al gato una dosis de caviar beluga Romanof, que primero olfateó como refinado gourmet y comió luego con verdadera unción, mas cuando al siguiente día le serví un poco de Plumfish, ese sustituto del caviar que ahora se vende “artificially colored and flavored”, el felino dio media vuelta y se retiró asqueado. Experiencia tan concluyente me convenció de que gatos y perros profesan no sólo credos religiosos diversos sino excluyentes, todo ello confirmado por el hecho de que los gatos apenas si beben agua, y eso porque nadie les ha ofrecido media botella de vino.

En Castilla se dice con profunda sabiduría: “Si encuentras vino, bebe vino. Pero si encuentras una fuente de agua fresca y cristalina… ¡bebe vino!”² Por esa convicción tan sabia, en países cultos como Italia, Francia y España jamás le recibirán en la mesa con un vaso de agua, y mucho menos con hielo. Allí usan el agua para bañarse (y muy poco), sin dar pie a suponer que un líquido indicado para usos agrícolas y ganaderos pueda ser objeto de consumo humano. Pueblos que (confío) nunca incurrirán en la refinada hipocresía de exhibir un vaso de agua sobre la mesa como certificado de buena conducta, que a eso equivale tal práctica en los restaurantes de los Estados Unidos y en las mesas “oficiales” de los políticos mexicanos, pues aun los de costumbres más depravadas sólo beben en público agua mineral, o cuando más, en los extremos de la orgía, aguas de chía, melón y guanábana

Extraído del libro Nueva Guía de Descarriados (1977) de José Fuentes Mares

²Me gustaría cambiarlo por “Si encuentras cerveza, bebe cerveza. Pero si encuentras una fuente de agua fresca y cristalina… ¡HAZ CERVEZA!”

jueves, 9 de febrero de 2012

Mikkeller Nelson Sauvignon (Nelson Sauvin Brut)


Después de tanta espera por fin le dimos cran al alacrán a esta cerveza que en lo personal esperaba con muchísimas ansias. Hecha solo con lúpulo Nelson Sauvin (el cual encontramos en 5AM Saint y Open Windows Open Hills) y además brettanomyces haciendo de las suyas es sin duda algo que yo imagino se volverá un favorito inmediato.

Esta cerveza fue hecha precisamente para destapar en año nuevo, para olvidarte del champán. Una de sus curiosidades es que además fue añejada en barricas de Sauvignon Blanc de Weingut Kollwentz-Römerhof provenientes de Austria, así como el uso de enzimas para obtener más proteínas de las maltas, además de la bacteria brett ya comentada, pero otro extra fue usar levadura de champaña para darle un toque final. No suena para nada a una cerveza de todos los días. Muchas expectativas se han generado ahora veamos cómo le va a este brut.


Nombre: Nelson Sauvignon (también encontrada como Nelson Sauvin Brut)
Cervecería: Mikkeller (pero se elabora en De Proefbrouwerij)
Estilo: Belgian Strong Pale Ale
Alcohol por Volumen (ABV): 9%
Lúpulos: Nelson Sauvin, solo Nelson Sauvin
Extras: Brettanomyces, Enzimas, Levadura de champaña y 5 meses reposada en barricas de Sauvignon Blanc.
Cantidad: 750ml
Procedencia: Copenhague, Dinamarca (pero se elabora en Lochristi-Hijfte, Bélgica)
Precio: $422MX directo con el importador

Vista: Color tamarindo, turbia como la chingada y con una gran corona. IMPRESIONANTE carbonatación.

Olfato: Fruta tropical al por mayor, brilla el Nelson Sauvin, mango, papaya, guayaba, piña, naranja dulce, durazno, un coctel perfectamente balanceado. Un poco de acidez se encuentra en el aroma, un ligero toque a madera y destellos que recuerdan poco a vino blanco.

Gusto: La nariz describe el sabor, es puro Nelson Sauvin mostrando lo mejor de sus características, sabores frutales increíbles bien mezclados con una ligera acides otorgada por el brett, una gran amargura presente. Astringencia y ligero sabor a madera. Cuerpo espeso, final muy seco y con una carbonatación en boca muy sabrosa e intensa.

Calificación: Excelente, es una cheve simplemente impresionante con características que jamás he encontrado en otra, una combinación increíble entre una buena Pale Ale con sabores tropicales como me gustan con una acidez marcada pero no abrumadora y el ligero toque de la barrica que se llega a notar levemente. Increíble y puedo decir que vale lo que pagas.
Material para cava: Pero por supuesto, creo es la cerveza Mikkeller que tiene la fecha de consumo preferente más extendida que he visto. Por su % de alcohol, su estilo, ser condicionada en botella y tener brett es seguro que con los años va haciéndose más compleja en cuestión de acidez y sabores de la malta (los cuales no los encuentras a simple vista), la amargura y el sabor del lúpulo se irían perdiendo gradualmente con el tiempo, pero no me siento con la confianza necesaria para asegurar que tan rápido pasaría.
Maridaje recomendado: Una elegante fiesta de año nuevo.

Sin duda es una cerveza impresionante y si estas familiarizado con el Nelson Sauvin (y te gusta sus sabores) te va a encantar, aunque es muy diferente a como lo encuentras en la Open Windows Open Hills o en 5AM Saint, además de mucho más costosa, pero es bastante más compleja y en mi humilde opinión, la disfruté mucho mas. Espero comprar una y guardarla unos 2 o 3 años y ver como evoluciona la acidez, me gustaría una loca combinación de los sabores a Mango, Guayaba y Piña con una marcada y potente acidez como si de una lámbica Gueuze se tratara. ¿Qué le falto? Pues el único pero que le pongo es el precio, pero no es un deal breaker sin duda vale la pena cada centavo que pagas, además que es una cerveza diseñada para compartir, si te llama la atención pero no quieres gastar “tanto” por ella, júntense unas 3 o 4 personas y compártanla, al fin que son 750ml.

Me quedo con la duda ¿Qué tal estará la versión sin barrica?

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Mr. Moustache

martes, 7 de febrero de 2012

Mikkeller Mielcke & Hurtigkarl



Mielcke & Hurtigkarl es un restaurante high end en Dinamarca que esta tomando la iniciativa de mezclarse en el mundo de la cerveza y que mejor que con el gypsie brewer Mikkeller que lo tienen a la vuelta de la esquina (figurativamente hablando por supuesto). Han organizado algunas cena-maridaje con Three Floyds, De Struise y Mikkeller así que la lógica dictaba que llegarían al punto de querer una cerveza de la casa elaborada por él (como lo hizo Noma, Krik+Maarbjerg y Burger & Bun entre otros).

Teniendo en cuenta que ellos son chefs prestigiados y con buenos contactos se hicieron de antiguas barricas del famoso vino de postre d’Yquem para añejar su cerveza, además de usar Yuzu, una fruta  japonesa que es muy usada en su restaurante. Hacer cerveza es básicamente cocinar así que ambas partes mezclaron su ingenio para crear este brebaje, veamos como salió esta cerveza por demás curiosa.


Nombre: Mielcke & Hurtigkarl
Cervecería: Mikkeller (pero es elaborada en De Proefbrouwerij)
Estilo: Belgian Strong Pale Ale
Alcohol por Volumen (ABV): 8.7%
Extras: Yuzu, azúcar y añejada 6 meses en barricas de d’Yquem
Cantidad: 375ml
Procedencia: Copenhague, Dinamarca (pero se elabora en Lochristi-Hijfte, Bélgica)
Precio: $373 directo con el importador

Vista: Amarillo muy turbio, nula carbonatación aparente ni corona, dejaba un lazo muy pequeño alrededor de la copa.

Olfato: Zacate, dulce de naranja muy potente, ligero a alcohol y clavo.

Gusto: Sabor a madera y naranja cucha o echada a perder. Final muy seco que recuerda a uno de esos brut baratones.

Calificación: Pos ya que! Me vendieron mucho concepto, mucha idea, un ente místico alrededor de dicha cerveza y al final pues no, no vi las estrellitas ni fuegos artificiales. Esta interesante y es un experimento que te deja con cara de WTF, habrá a quienes les agrade el sabor y estamos los que no… pero los que la probamos en esta ocasión coincidimos a que no sabe a una cerveza de $373 pesos.
Material para cava: Por su estilo y características si tiende a mejorar en cava, pero desconozco que efecto le causaría ya que jamás me he topado una cerveza como esta (digo, para que les invento propiedades que no se que vaya a tener)

Fue interesante probarla, no voy a negarlo, de los asistentes que la abrimos recuerdo yo fui el primer en brincar diciendo no me gusto” otro dijo que si fuera una cerveza de $100 si la compraría seguido, otro no le pareció mala pero tampoco la volvería a probar y así se fue. Me comentó alguien que a él si le recordaba al famoso vino d’Yquem algo que yo no puedo asegurar pues jamás he probado dicho vino, pero si se acerca en lo mínimo a esta cerveza no pienso hacerlo. Sin duda alguna, la peor Mikkeller en relación calidad-precio que he probado y eso que a la Cream Ale tampoco le había ido muy bien.

Después de esta ¡oh decepción! Abrimos una Monk’s Elixir Brett Edition que fue aun mas increíble que la vez anterior pues se encontraba sabores típicos de la bacteria brett bien mezclados con la Monk’s Elixir original, algo que en la ocasión pasada no encontramos pues era puro y mero brettanomyces lo cual dicho sea de paso no es nada malo y se me hace agua la boca en este momento solo de imaginarme esa acides. No me tomé la molestia de hacer notas porque quería disfrutarla sin preocupaciones, una gran decisión por cierto y que recomiendo un millón de millones de veces más que esta Mielcke & Hurtigkarl de la que hablamos hoy.

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Mr. Moustache

miércoles, 20 de julio de 2011

L.A. Cetto Chardonnay 2009

Mr. Moustache goes Wine! Así que empecemos con la primera y espero no última incursión en el mundo del vino. Verán, los calores veraniegos me están matando y que mejor que un vino blanco para ganarle a la temperatura, así que por alguna razón misteriosa tuve un antojo increíble de un Chardonnay por lo que me hice con este L.A. Cetto que en lo personal nunca había probado.

Ahora, no soy el más grande consumidor de vino así que mis conocimientos en el tema no son los más amplios, así que disculpen si uso algún termino prestado de cuando evalúo cerveza,

Nombre: Chardonnay 2009
Productor: L.A. Cetto
Varietal: 100% Chardonnay
Alcohol por Volumen (ABV): 14%
Cantidad: 750ml
Procedencia: Valle de Guadalupe, Baja California, México
Barrica: Sin paso por barrica
Precio: $89 en HEB Cumbres

Vista: Muy claro, muy, muy claro, casi incoloro si no fuera por un pequeñito destello a dorado.

Olfato: Manzana amarilla y piña, me da un ligero aroma a musgo y algo parecido a pólvora. Muy potente el olor.

Gusto: Sabor cítrico, limón, piña, mandarina. Una acidez fuerte y marcada pero muy disfrutable, refrescante e ideal para este calor. Buen cuerpo, ligero y fácil de beber lo cual se agradece. El sabor no tiene mucha retención ya que no permanece mucho tiempo la sensación en la boca después del trago.

Calificación: Muy bueno, me gusto mucho. Al ser un fan de cervezas acidas como las lámbicas siempre encuentro placentero los vinos blancos, y con este calor de verano se me hacen muy refrescantes.
¿Material para cava?: Ok, no soy un gran conocedor en vinos como para decir con seguridad si se podría guardar en cava o no y que le daría de mejora, pero por lo que sé los vinos blancos no se suelen guardar mucho, por lo que se recomiendan tomarse de añadas más jóvenes. Si alguien tiene una mejor opinión se la agradecería.

Pues me gusto mucho, lo disfrute y por supuesto lo volvería a comprar. Pero aquí hay un problema:

No soy el gran consumidor de vino. De hecho tenía tal vez un poco más de un año sin tomar un Chardonnay, por lo que no tengo mucho con que compararlo como para decir si en comparación a otros del mismo rango de precio es un vino que valga mucho la pena o no vale lo que pagas por él. Pero en lo personal seguro lo vuelvo a comprar.

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Eslem Torres Eriksson